Cada año, miles de familias buscan la actividad extraescolar perfecta para sus hijos e hijas. Que sea deportiva, divertida, que les enseñe valores y que no les genere estrés. El pádel cumple todos estos requisitos de manera excepcional.
Coordinación y motricidad
El pádel es un deporte que trabaja la coordinación ojo-mano de manera natural y progresiva. Las acciones de desplazamiento, anticipación y contacto con la bola estimulan el sistema nervioso de una manera que muy pocos deportes consiguen a esta edad.
Social por naturaleza
El pádel es un deporte de pareja. Desde el primer día, los niños y niñas aprenden a comunicarse, a depender de un compañero o compañera, a felicitar y a ser felicitados. Las habilidades sociales que se desarrollan en la pista de pádel se transfieren a la vida real.
Nivel de entrada bajo, progreso rápido
A diferencia del tenis, el pádel permite a los niños y niñas jugar puntos reales muy pronto. Eso genera una motivación inmediata que les hace querer volver. La sensación de progreso es muy visible y muy rápida, sobre todo en la Escuela Base, donde los grupos son pequeños y la atención es individualizada.
Valores del deporte colectivo
Trabajar en equipo, gestionar la frustración, respetar al rival y celebrar con mesura. Estos no son valores que se enseñen de manera explícita: se viven y se aprenden de manera natural a través del juego.
«Un niño o niña que aprende a perder bien en el pádel aprende a perder bien en la vida.»
Si tienes un hijo o hija de entre 8 y 12 años que quiere probar el pádel, en la Escuela Base tenemos grupos de iniciación diseñados específicamente para esta franja de edad. Primera sesión gratuita sin compromiso.